EN PORTUGAL YA NO SE COME NI TANTO NI TAN BIEN NI TAN BARATO.

Los precios de la restauración en Portugal han pasado de estar ridículamente baratos a colocarse muy en línea con lo que se paga en el resto de la península y en ocasiones a ser poco competitivos.  Todavía se puede comer muy bien en Portugal pero ya nada es lo que era. Mientras que en Asturias o Cantabria puedes comer un menú de domingo por doce o menos euros, con primero, segundo, postre y bebida, en Portugal no existen esos chollos y por ese dinero apenas da para un único plato sin pretensiones, salvo muy contadas excepciones, motivo por el cual suelo recurrir a la comida rápida de los centros comerciales, que incluye muchos platos locales de calidad. En Francia por 25 euros por persona los menús ya incluyen cosas como foie fresco e incluso ostras.

Adiós a aquellas enormes fuentes de comida con bacalaos inmensos y acompañamientos inacabables, de los que podía comer un regimiento. De acuerdo que aquello era un estropicio pero es que ahora se ha pasado a raciones demasiado razonables. Lo tradicional es que una "dose" servía para dos personas y media "dose" era lo ideal para una; si eres vasco, por ejemplo, quizás tendrías que pedir la ración entera para ti solo.

La proliferación de comedores con aire "fashion" no ha traído una renovación gastronómica y el IVA del 23% en restauración tampoco ayuda demasiado. Los platos considerados como entradas en Portugal suelen ser más bien escasos y se cobra a precio de plato lo que en realidad es más bien una tapa. Lo de las entradas para compartir no es nada buena idea.

También he detectado que existen platos cuya ración es considerablemente más pequeña si el cliente es extranjero o no es del pueblo. Por lo visto hay hosteleros portugueses que siguen viendo al turista como un euro con piernas al que se puede camelar, aunque se trate de un visitante gallego asíduo y frecuente que conoce mejor el país que la mayoría de portugueses. Todavía los hay que piensan que como en Inglaterra se come mal los ingleses no tienen ni idea de comer, cuando son grandes degustadores de vinos y exigentes gourmets en muchos lugares.

Lo curioso es que la comida sale más o menos igual en casi todos los restaurantes de Portugal, independientemente del aspecto exterior. El comedor elegante no garantiza nada y generalmente el sitio con pinta cutre sirve igual o mejor pero pagando menos. Hay que tener en cuenta que es una cocina basada en el ingrediente y con pocos retoques.

Uno se vuelve bastante exigente y en España tampoco estamos como para tirar petardos de alegría. Lo que ya no puedo tolerar son clavadas o tomaduras de pelo ni aguantar esperas de cuarenta minutos para un plato.

Mi consejo es comer siempre fuera de la zona turística destinada al cliente que no va a volver. Lo mejor es actuar como los locales y recurrir a comedores frecuentados por los currantes y las familias. Los platos del día escritos a bolígrafo dan una buena pista.

Insisto en que para un asturiano el listón está muy alto cuando hay que competir por calidad, cantidad y precio. Tengo un restaurante con estrella Michelín cerca de casa donde el menú degustación sale por 30 euros (Arbidel, Ribadesella) y de eso en Portugal no hay precisamente. Yendo a la otra punta de la península, el Albalá de Jerez de la Frontera te permite un festín gastronómico con maridaje de vinos y postres de diseño a 20 euros.

Este análisis comparativo permite al lector hacerse una idea aproximada de lo que le espera. Hay que tener suerte para acertar.