BIQUINHO DOCE. PASTELERÍAS EN CHAVES, BOTICAS, PEDRAS SALGADAS Y VIDAGO

Los lugares mencionados en el título del post se hallan en la región de Tras-os-Montes, en el Noreste de Portugal, cerca de la provincia de Orense, o sea que si el viajero es de esos que se limita a visitar Oporto, Lisboa y Coimbra, mejor no seguir leyendo. Es curioso como el nombre de la región delata una visión del país hecha desde Lisboa, donde se créen que ellos son el país y el resto paisaje. 

Pues resulta que tuve que hacer una parada técnica en Pedras Salgadas y de casualidad acabé en la confitería Biquinho Doce como podría haber parado en cualquiera de las numerosas cafeterías de la villa. Allí me encontré con una sucursal de las confiterías de esa marca, que es todo un ejemplo de modernidad respecto de la confitería tradicional portuguesa, muy anclada en la repetición de las mismas recetas. No solo venden productos salados ideales para el desayuno y la merienda sino que también tienen una selección de pasteles cremosos al estilo francés. Normalmente casi todos los pasteles dulces de Portugal tienden a ser más bien secos y en este caso parece evidente que algún confitero del obrador ha tenido experiencia europea. El resultado es una gama de pasteles de los llamados especiales que no tiene nada que envidiar a los de cualquier confitería de lujo de París o Viena. Así como suena, pasteles centroeuropeos a precios lusitanos, una combinación abrumadora que desafía la templanza de cualquier goloso, deseoso de implantarse un segundo estómago para disfrutar del surtido que se ofrece.

En cuanto a los salados, los famosos pasteles de Chaves me parecieron de lo mejorcito que haya probado en mi vida; recordemos que se trata de empanadillas de carne con masa de hojaldre. Biquinho Doce me parece toda una garantía en cuanto a calidad y precio. Lo único que desmejora la imagen de la empresa es la atención al cliente en una de las sucursales de Chaves, donde una de las empleadas insistía en darme contestaciones que no tenían nada que ver con lo que se le estaba preguntando y otra de ellas no se lució precisamente al envasarme una docena de pasteles ya que colocó algunos encima de otros dentro de la caja.

Desgraciadamente el problema de las pastelerías de medio mundo es que jamás se indica el nombre del pastel y mucho menos aún su precio, lo que obliga al cliente a preguntar y al dependiente a responder, con la consecuente pérdida de tiempo a lo tonto.

Tengo muy claro que volveré en cuanto pueda a Biquinho Doce, es decir, "besito dulce", en cualquiera de las poblaciones donde se halla. Una docena de pasteles dulces especiales y media docena de pasteles de Chaves salió por menos de 20 euros. No sé a qué espera esta gente para montar una franquicia con sucursales en España; en plena calle Serrano de Madrid arrasarían y en Milán, Berlín o Londres se lucirían con todo el equipo. Solo espero que mejoren un pelín la atención al consumidor español en Chaves.