RESTAURANTE GARFO TORTO. VILA DO CONDE.

Vila do Conde está muy cerca de Oporto en dirección al norte. La población está unida a Povoa de Varzim de manera imperceptible y sin embargo se notan las diferencias. Vila do Conde tiene una zona antigua llena de garitos fashion y callejuelas típicas, además de una zona moderna con aires en plan Bauhaus y tiendas chulas. Aquí está el restaurante Garfo torto, o sea , "tenedor torcido".  Atraido por las buenas críticas acudí a él y creo que de principio no debería haber entrado, ya que no exhibe la carta en el exterior como es preceptivo. No obstante decidí correr el riesgo y adentrarme en el local, más que nada porque los ricos se equivocan muy poco y lo más normal es que los coches que hay aparcados sean más caros que el tuyo, sea cual sea. Una vez dentro nos encontramos con un comedor muy coqueto iluminado en plan intimista, cosa que me gusta muy poco, más que nada porque me cuesta horrores leer la carta y más aún si está en letras claras sobre fondo negro. Desde un principio me temí la gran clavada y menos mal que me equivoqué, pero estuve pensando todo el tiempo en los extras de la casa; me refiero a que el cubierto se cobra a cinco euros por persona, incluyendo un buen servicio de pan y dos entradas para compartir que resultaron interesantes aunque hubiera preferido elegir yo y no ellos lo que voy a comer. Algunas cosas son evidentemente molestas, como que te sirvan un agua italiana a 3 euros y 50 céntimos la botella 75 centilitros, cuando lo que sobra en Portugal son aguas excelentes; me temo que en ese aspecto fallan estrepitosamente. La carta de vinos es bastante completa aunque los precios no son precisamente democráticos. Opté por tomar un par de copas de blanco que me cobraron a 3.50 sin poder elegir el vino, cosa curiosa, tratándose de un blanco del Duero que no estaba nada mal.

Los platos de resistencia fueron un bacalao bastante bien presentado con una guarnición muy cuidada, además de un risotto de zamburiñas que no destacaba especialmente. Los postres tienen precios altos y no hay nada que baje de cinco euros, aunque el que elegí me gustó bastante. Con café la factura se quedó en unos honrosos 55 euros para dos personas, teniendo en cuenta que una no tomó postre ni vino. Esperaba pagar más y sin embargo creo que el precio es más que correcto e incluso atractivo en función de lo que se recibe. El servicio de camareros funciona bien y el ambiente puede calificarse de selecto. Los pijos más pijos del barrio más pijo de la ciudad más pija de España pueden pasar completamente desapercibidos entre el glamour de la clientela habitual y que son residentes en la zona. Por supuesto que no se oye una voz más alta que otra y si hay alguien que molesta con su tono de voz, somos los españoles.

En conclusión, un restaurante con ambiciones e incluso ciertas ínfulas donde hay ciertos toques de modernidad pero pocos riesgos. Incluso teniendo en cuenta los fallos, merece la pena ir al menos una vez. Lo bueno es que a la hora de la comida sirven un menú por 8 euros sin incluir bebidas ni postre y ahí la relación calidad-precio desafía toda competencia incluso a nivel peninsular. Por lo tanto, mejor ir al mediodía y echar una ojeada a la carta por si interesa acudir a la cena. Insisto en que la cocina no sorprende pero sí convence. En comparación con España es un sitio barato en función de lo que ofrece.

Aquí dejo las coordenadas para localizar el restaurante con el GPS: N41° 20.6425' ; W008° 44.73'. 

La web del restaurante lleva mucho tiempo sin actualizar y no incluye precios de los platos.