RESTAURANTE 31 DE JANEIRO. POVOA DE VARZIM.

Povoa de Varzim es uno de mis destinos portugueses favoritos. Parece un Benidorm sin turistas ya que lo que por allí abunda son los veraneantes, que no es lo mismo. El metro de Oporto llega hasta allí y la autopista te lleva a cualquier parte en dos patadas. 

Hasta ahora mis experiencias gastronómicas en la localidad se limitaban a comidas copiosas, francesinhas y parrilladas. Esta vez tuve que acercarme al restaurante físicamente para conocer su carta, ya que la web del local no la ofrece, cosa que ocurre con demasiada frecuencia en el mundo de la restauración. Una vez delante del escaparate la carta convence desde el primer momento por la presentación y la descripción de los platos; se nota que hay ganas de hacer las cosas bien y los precios parecen contenidos. Pasamos adentro y podemos elegir comedor para fumadores si nos apetece. Hay incluso una zona infantil con juegos y televisión. Curiosamente entre la cocina y el comedor hay un office. Con la carta en la mano nos decidimos a elegir y tomamos una crema de marisco muy meritoria por menos de cuatro euros junto con unos calamares a 7 euros; esos entrantes dejan muy buen sabor de boca y continuamos con un bacalao al estilo de la casa a 15 euros que viene excelentemente presentado y con una guarnición sabrosa que incluye un puré delicioso. El otro segundo plato es un arroz de tamboril (rape) soberbio, el mejor que he probado en todo el país. Nos llenamos tanto que no pedimos postre y el vino que acompaña la comida viene en botella pequeña, un especial de la casa elaborado en Amarante, blanco con burbujitas. El servicio es muy atento y profesional; utilizan el carro para servir y emplatar, lo que da un toque de distinción y de calidad. Los camareros no se limitan a transportar platos y además son muy cordiales. La factura por dos entrantes, dos principales, unas cocadas y dos cafés no llega a los cincuenta euros, lo que es toda una gratísima sorpresa teniendo en cuenta la calidad de lo ingerido, que te deja muy buen sabor de boca pero no empachado. El servicio de pan, como es habitual en Portugal, óptimo. La decoración del comedor y la cubertería son de alta calidad, sin pasarse.

Este restaurante es de lo mejorcito del país si tenemos en cuenta que los precios son muy parecidos a los de cualquier comedero corriente y los productos corresponden a los de un restaurante de alta categoría, con una atmósfera muy conseguida. Estamos acostumbrados a que los lujos en el diseño oculten fallos en la cocina y en el servicio y también a que las decoraciones cutres se compensen con raciones pantagruélicas. Aquí se sirve una cocina portuguesa gourmet con leves toques de modernidad y sin riesgos, con una comida basada en el producto de primera sin riesgos innecesarios. Se nota que se puede hacer una restauración moderna sin enmascarar las materias primas y ennobleciendo los productos con una preparación muy cariñosa.

El restaurante 31 de janeiro se halla en el paseo marítimo que une Povoa con Vila do Conde pero no en primera línea sino en segunda; tienen parking propio pero vale más aparcar en el paseo porque desde el parking hay que hacer un complicado tour para volver a la calle principal.

Por cierto que los coches que veremos en el parking del restaurante son un escaparate del lujo. El día que fuimos había hasta un Porsche Panamera híbrido.

Volviendo al tema del restaurante en sí, me parece imprescindible una visita si estamos por la zona. Hay que destacar que aquí no existen las interminables esperas por el primer plato tan habituales en muchos restaurantes portugueses. De entrante de la casa te ofrecen unos pasteles de bacalao que cobran a menos de un euro pero que se pueden rechazar, ya que las raciones que tomaremos después hacen innecesario el picoteo. La carta de vinos tiene hasta Champagnes a precios bajos y muchos de los buenos espumosos nacionales, aunque se prodiga mucho en los tintos y hay pocos blancos y menos rosados aún, ya que en Portugal se producen pero casi no se consumen. 

El restaurante funciona también como marisquería y se pueden consumer pescados al peso, dependiendo de la lonja, con los precios muy claramente marcados.

En resumidas cuentas, me alegro de haber ido, volveré y lo recomendaré. Chollos así no abundan ni en Portugal.

ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE


En una segunda visita al local la nota bajó bastante. No nos trajeron la carta de vinos ni siquiera después de haberla solicitado. El mismo bacalao que habíamos pedido la primera vez no daba la talla, pues la posta estaba bastante seca y era de tamaño pequeño, con una guarnición no tan cuidada. La ración de escalopines con patatas fritas era aceptable pero algo escasa para los que somos del Cantábrico. Los postres, flojitos. Por cierto que tienen un carro de postres sin refrigeración y productos solamente pasables. El trato sigue siendo bueno pero me temo que en cocina no estaba el mismo chef de la primera vez. Sigue siendo una dirección recomendable pero no tanto. Eso sí, dos platos, dos postres, dos cafés, agua y copa de vino se quedaron en 40 euros, así que el pánico no debería cundir.