SANTUARIO DE FÁTIMA. MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN.

A estas alturas no voy a descubrir nada nuevo sobre el Santuario de la Virgen de Fátima. Su ubicación es óptima y dispone de excelentes accesos desde la autopista A-1 que une Porto con Lisboa. El que tiene mucho interés en visitar Fátima seguro que acabará yendo pero el objetivo de este artículo es animar a los que no lo tenían previsto.

No soy precisamente creyente pero pienso que este es uno de los lugares que hay que conocer. Además hay algo que no falla, todos los lugares gestionados por la Iglesia están muy cuidados y son de visita gratuita, con grandes facilidades de aparcamiento.

Lo que llama profundamente la atención es la gran diferencia que existe entre el cuidado del Santuario y el estado general de la población de Fátima, uno de los lugares menos mimados de Portugal, con un estado manifiestamente mejorable. Menos mal que en el recinto religioso hay otro nivel mucho más destacable. Reinan el silencio y la tranquilidad aunque haya miles de visitantes simultáneamente. Las instalaciones son de lo mejor del mundo, con excelente señalización y una organización modélica. Un lugar así emociona incluso a los agnósticos. Pasa lo mismo que en Lourdes o Covadonga, los santuarios tienen algo especial y difícil de definir.

La primera vez que visité Fátima fue a la una de la mañana, hora muy recomendable si queremos disfrutar del lugar en absoluta intimidad, aunque incluso a esa hora hay afluencia de público, escasa pero significativa. En horas diurnas aquello es un río de fieles y devotos que sin embargo no llegan a molestarse porque las dimensiones de la explanada que hay frente a la basílica permiten que siempre haya espacio libre para la contemplación.

No recomiendo alojarse en Fátima a no ser que la oferta sea muy tentadora, ya que la villa tiene muy poco que ofrecer; las inmediaciones ya son otra cosa. Batalha y Alcobaça están a tiro de piedra, igual que Nazaré.

Un recomendación inevitable: No se debe viajar en tren a Fátima porque no hay ferrocarril en la ciudad ni en el municipio, a pesar de la existencia de una estación llamada Fátima que en realidad queda a 23 km del santuario, toda una trampa para turistas que cuenta con algunos enlaces de autobús pero que en realidad constituye una estafa para el visitante. Mejor en autobús si no disponemos de coche.

Una vez en el Santuario no veremos ni pobres pidiendo ni a nadie dispuesto a vendernos nada. Hay buen rollo en todos los sentidos.

En cuanto a los aparcamientos, mejor seguir siempre dirección centro y luego hacia la basílica, ya que algunos quedan muy alejados y los más cercanos suelen tener sitios libres.

Un par de horas en Fátima pueden ser muy interesantes para preguntarse por el sentido de la vida y la ilusión de vivirla, incluso si nunca habíamos pensado ir allí.