TRENES DE CERCANÍAS DE PORTUGAL. COMPLICANDO LA VIDA A LA GENTE.

Lo que sale en la foto es muy importante. No es un billete de tren sino una tarjeta magnética donde va alojado el billete. Los ferrocarriles portugueses han dejado de vender billetes en papel y ahora únicamente es posible viajar cuando se está en posesión de la tarjeta y la hemos cargado con el número de viajes necesario. Todo muy ecológico y práctico, si no fuera porque las máquinas que sirven para pagar los billetes no venden las susodichas tarjetas, las cuales están únicamente disponibles en las taquillas. Ahí está el problema. Si la estación carece de taquillas o ya están cerradas, lo que ocurre es que no podremos coger el tren porque sin tarjeta no se nos abre el paso a los andenes. Incluso en estaciones con personal el problema sigue agravándose, ante las numerosas colas que se montan con clientes que adquieren abonos que requieren la cumplimentación de un impreso. Los turistas que quieran viajar desde Lisboa a Sintra o Cascais tienen ahora que pasar por taquilla física cuando antes bastaba con meter dinero en una máquina. Una pérdida de tiempo muy tonta. Ojo porque la tarjeta vale cincuenta céntimos que hay que abonar para disponer de ella; si la devolvemos luego nos exigiran el ticket de caja para recuperar nuestro dinero. Para molestar más al cliente, no hay compatibilidad entre la tarjeta de los ferrocarriles tradicionales y la del tren que cruza el Tajo (Fertagus).

Mi experiencia fue llegar a la estación de tren de Palmela y toparme con que las máquinas de Fertagús sí dan billetes físicos pero las de la CP solo valen para recargar la tarjeta y no hay manera de comprarla para viajar.

En España los apeaderos de Feve sin personal ni barreras permiten subirse al tren y adquirirlo al llegar a destino pero aquí no hay manera. Mucho ojito con el tema porque no siempre podemos subir a un tren incluso disponiendo de dinero. Pasa como con las tarjetas de teléfono para llamar desde cabinas en Francia, país donde las cabinas no admiten monedas y si es un poco tarde no hay dónde comprar una tarjeta. Mucha modernidad pero a alguien se le olvidó que la máquina debería vender tarjetas y no solo recargarlas. En el metro de Porto las máquinas sí te venden el billete.