LOS VINOS ANDAN CAROS EN LOS RESTAURANTES DE PORTUGAL



Me encanta comer en Francia, pues la calidad de la comida es muy elevada y los precios nada atrevidos, el problema surge si se te ocurre pedir vino embotellado, ya que los márgenes son brutales y la botella normalmente triplica o cuadruplica el precio del caldo en el supermercado o la bodega. En España ya nos hemos dado cuenta hace tiempo de que si el vino está caro el cliente no lo pide y el negocio se pierde, por lo que es muy habitual que sólo se duplique el precio de los vinos más baratos o como mucho se triplique, mientras que a partir de los 10 euros de coste, los márgenes que se aplican son del 50% o menos, incluso del 25% para vinos carillos. Lo gracioso es que los mejores restaurantes sean los que venden el vino a mejor precio.

En Portugal sigue predominando la costumbre de apretar fuerte en los precios y los beneficios del vino, de modo que muchas cartas disuaden nada más echarles una ojeada, sobre todo cuando conocemos de mano lo que cuesta el vino en un hipermercado Continente o en un supermercado Modelo. Menos mal que los vinos de la casa a granel y sin etiqueta suelen dar la talla mínimamente y el precio no es abusivo. Si encima tenemos en cuenta que los platos cuestan tanto como en España y que las raciones han menguado en los últimos años, la factura sube fácilmente hasta límites molestos.

Una buena carta de vinos en Portugal tiene que tener varias referencias por debajo de los diez euros la botella y unas cuantas más entre 10 y 20 euros. Por encima pueden hacer lo que quieran, pero por debajo siempre tiene que haber opciones y en caso contrario siempre podemos pedir agua. Mi consejo es evaluar la lista de vinos, que no siempre veremos expuesta en el exterior. Ojo porque los tintos no se corresponden fácilmente con el gusto español y pueden resultar desconcertantes, no así los blancos verdes (jóvenes) o los rosados. Lo ideal es que el restaurante disponga de medias botellas, para que el cliente experimente; lo del vino por copas no se lleva nada por allí.

La diversidad de regiones vinícolas es desconcertante y abrumadora, sobre todo si tenemos en cuenta de que el país es tan pequeño como Andalucía.

No haré ninguna recomendación en concreto sobre marcas porque esto va en gustos. Sí animo a llevar para casa algún Alvarinho, que es justo lo que imaginamos.