EL CEMENTERIO DE PRAZERES EN LISBOA


Hay cementerios que son una atracción turística y eso pasa en sitios como París, donde uno puede pasear por el de Père Lachaise sintiéndose como en un escenario de película. Los hay panorámicos como el de Luarca, en Asturias, donde además reposa un premio Nobel. El de Prazeres en Lisboa es impactante porque en él se reproduce fielmente la estructura de una ciudad, con sus calles y avenidas, salpicadas de panteones y tumbas de los siglos anteriores y también de éste. Se trata del cementerio de los artistas, donde yacen portugueses muy conocidos en sus tierras y casi nada en el extranjero. Aquí estuvo el cadáver de la fadista Amalia Rodrigues hasta ser trasladado al Panteón Nacional.

No es este cementerio el lugar que visitaremos en un primer viaje a Portugal y Lisboa en concreto, pero sí en una segunda o tercera estancia. Basta tomar el tranvía 28 que finaliza su recorrido en la puerta del camposanto. Por cierto que hay hasta servicios higiénicos y oficina de información donde te facilitan un mapa detallado.

Lo más impresionante es que dentro de los panteones los ataudes no suelen tapiarse con lápidas y son visibles desde fuera; incluso hay puertas abiertas que permiten ver féretros que llevan allí más de cien años.

Por supuesto que este cementerio tiene preciosas vistas sobre el Tajo y el puente XXV de Abril. El conjunto es extremadamente armonioso y la mayor parte de visitantes son turistas porque los hijos y nietos de los que están allí enterrados ya se murieron hace bastante años, aunque hay una zona con fallecidos recientes y otra para bomberos. El cementerio de Prazeres fue siempre de ricos y famosos, por lo que la exhuberancia en la decoración fúnebre está garantizada.

Un cementerio así sólo es posible en una ciudad como Lisboa.


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