PEQUEÑAS CIUDADES CON MUCHO ENCANTO. BARCELOS.


El símbolo de Portugal es el gallo de Barcelos, que según la leyenda cantó después de muerto y descubrió la inocencia del gallego a quien habían condenado a la horca. Fuera de simbologías, Barcelos es hoy una de las ciudades pequeñas de Portugal que merecen una visita. Hay mucho que ver en el norte y las ciudades de Braga y Guimaraes son muy visitadas, de modo que Barcelos nos puede pasar desapercibida.


El casco histórico de Barcelos está plagado de edificios notables, desde templos hasta torreones, todos ellos en inmejorable estado de conservación. Un paseo por las calles de la ciudad nos descubrirá el Portugal más auténtico. Hay un enorme parking justo junto al centro de la ciudad ya que el hospital se encuentra al lado y el estacionamiento es gratuito. En Barcelos hay un comercio de quitar el hipo y los precios de la hostelería son mucho más baratos que en otras poblaciones más famosas.


Por el puente medieval de la antigua entrada a la ciudad siguen pasando los coches con toda naturalidad. Se ve que lo hicieron a conciencia. Los accesos desde Porto o Braga son inmejorables, con autopista de peaje muy barato. Evitaremos usar la nacional que está atascada permanentemente de lunes a viernes. Los jueves por la mañana Barcelos celebra su mercado semanal, que se encuentra entre los mejores y mayores de Europa. Ojo porque los portugueses madrugan mucho y es complicado acceder. Se puede ir en tren desde Oporto. Hay trenes cada hora y se tarda una hora también. Los que salen de Campanha van directos y los que salen desde Sao Bento tienen transbordo en Nine; estos últimos son más baratos y es mejor comprar un billete para cada trayecto.



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