LA CONFITERÍA VERSAILLES. LUJO ASEQUIBLE EN LA LISBOA MODERNA.

El local que nos ocupa es una de las mejores cafeterías y confiterías de Europa, con servicio de restaurante incluso. Ojo porque no nos lo vamos a encontrar de casualidad y sin buscarlo, como ocurre con otros. Lleva desde 1922 en la Avenida de la República y todo el mundo lo conoce. A no ser que estemos alojados cerca, habrá que coger el metro hasta la estación Saldanha (pronúnciese Saldaña, como la localidad palentina).


La fachada es estrecha pero por dentro el local es enorme. Es pasar al lado, mirar al interior y soltar una exclamación ante tal derroche de elegancia. Enseguida nos asalta la tentación de entrar y sospechamos si los precios serán altos. Nada de eso. En el exterior se exhibe una carta de comidas, con distintos precios en función de si se come en barra o en mesa. La pastelería está abarrotada casi siempre con gente trabajadora, de modo que no se trata de un sitio de esos donde te clavan por disfrutar de la experiencia del lujo de principios del siglo XX.

La oferta es muy buena en todos los aspectos. El surtido de pastelería y bollería es para dejar atónito a cualquier goloso. Y la cocina no se queda atrás. Aprovechando la coyuntura, me quedé a comer aquí y me parece que compensa desplazarse desde cualquier parte de la ciudad expresamente sólo para tomar un café o pasar un rato más grande disfrutando de una muy buena comida. Cuando llevas a la gente a estos sitios quedas como un entendedor o un marqués. Y encima por cuatro perras.

Las imágenes son contundentes. Personal uniformado a la antigua, expositores repletos de cosas apetecibles y un ambientazo incomparable. Estos locales deberían ser patrimonio de la humanidad. Para gozar en directo iremos a la Plaza del Duque de Saldanha. Cada vez que voy a Lisboa tengo que pasar por aquí o no disfruto del viaje.